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16/01/2020

Roberto Matta

Chile, 1911-2002

 

Tras cursar estudios de arquitectura y trabajar durante una temporada en el estudio de Le Corbusier, Roberto Matta se integra en el círculo surrealista, realizando sus primeras pinturas al óleo en el año 1938, coincidiendo con su estancia en la localidad de Trévignon, en Bretaña. Comienza entonces su serie denominada Inscape, basada en el concepto de las «morfologías psicológicas», consideradas posteriormente por André Breton como exponentes del automatismo absoluto. En efecto, en este tipo de creaciones, Matta, en su intento de concretar y sacar a la luz las visiones más recónditas de la mente, se basa en las más genuinas técnicas automatistas propugnadas por el surrealismo desde su época inicial.

Breton, en su Manifiesto de 1924, estableció que la meta del surrealismo había de ser «expresar el funcionamiento real del pensamiento». Para alcanzar esa meta, el artista podía servirse de cualquier medio –visual o escrito-, y debía actuar al margen de las imposiciones dictadas por la razón, la estética o la moral. Este fue el propósito compartido por todos los surrealistas, aunque los métodos que emplearon para ello fueron diferentes.

Roberto Matta fue uno de los más radicales defensores de lo que se vino en llamar pintura automática, aquella en la que el artista dejaba que el inconsciente se expresara de manera libre y sin mediaciones. Aunque Matta había estudiado arquitectura en su país, y trabajó en Suiza con Le Corbusier, el contacto en París con Magritte, Pablo Ruiz Picasso y Miró le hizo interesarse por la pintura, y en 1938 participó en la Exposición Internacional del Surrealismo que se celebró en esa ciudad.

De esa primera etapa dentro de la ortodoxia del grupo –Breton lo expulsaría en 1948- son sus morfologías psicológicas, que el gran gurú del surrealismo definiera como «exponentes del automatismo absoluto». Son obras de un vivo colorido que se alejan de las preferencias figurativas de la mayoría de sus compañeros, y anticipan movimientos artísticos de la segunda mitad del siglo, como el expresionismo abstracto. El artista Marcel Duchamp, con el que Matta mantuvo una buena relación, lo definió como el pintor más profundo de su generación, y, elogiando su carácter innovador, dijo que su obra era «un combate contra todos los obstáculos de la pintura al óleo, medio de expresión que se presta a interpretaciones centenarias».